martes, 21 de octubre de 2014

Vladimir Putin y las izquierdas latinoamericanas


A las izquierdas de hoy en día les es propia la incongruencia o la falta de visión [sobre los vicios de las derechas ya se podrá hablar en otro momento]. Uno de sus tropiezos más titánico a la vez que invisible para el vulgo general es la ciega fe en el presidente de la Federación Rusa, Vladimir V. Putin, cuyas políticas exteriores e interiores le han granjeado el odio de unos y el amor de otros.

Sagaz como Catalina, despiadado como Iván "el Terrible", ambicioso como Pedro y decidido como Iván "el Grande", Vladimir Putin ha sacado a rastras el país dejado patas arriba por el corporativismo de Yeltsin y las reformas -sin pies ni cabeza- de Gorbachyov. En casi 15 años de mandato -con 4 años bajo un títere Medvedev- impulsó reformas autocráticas y keynesianas cuyo enfoque es que se re-posicione Rusia como potencia mundial y agente central de las decisiones geoestratégicas. Sin embargo la lejanía con respecto a América Latina y el desconocimiento de cultura y sociedad rusas/soviéticas permite conclusiones tan apresuradas como falsas.

No pocos seguidores de la izquierda aplauden al patriota presidente de Rusia por hacerle frente a Estados Unidos más en un silogismo de "el enemigo de mi enemigo es mi amigo" que guiados por un análisis serio del contexto. Sin embargo los primeros en ser reprimidos por un Estado como el ruso y un presidente como Putin serían, paradójicamente, aquellos militantes y/o admiradores de posturas izquierdistas.

I.- Los casos Litvinenko-Yuschenko

La oposición al presidencialismo post soviético ha sufrido auténticos casos de represión. El asesinato y/o exilio de quienes se han declarado en contra de Putin es común denominador. Periodistas, empresarios, políticos y militares que han discrepado con la agenda oficial conocen de primera mano los límites despóticos impregnados en la administración pública de Rusia.

La izquierda actual con su tradición -aparente- de terquedad intrínseca sería constante objetivo de los órganos estatales de un presidente como Putin, quien no duda en usar toda la fuerza con fin de acallar toda disidencia a su persona. Ni en el extranjero se está a salvo: Aleskandr Litvinenko, envenenado con Polonio en Inglaterra.

II.- Manipulación de las elecciones

A pesar de la abolición en 1989 del sistema unipartidista por parte de Mikhail Gorbachyov el hostigamiento de fuerzas políticas no alineadas lo cual se suma a la estatización de los medios, audiovisuales y escritos, dejan en clara ventaja al partido oficial. Canales como RT, NTV, Ria Novosti o ITAR-TASS quedan amordazados tal que repitan el discurso del Kremlin.

III.- Uso de la fuerza pública

La mayor reclama de los izquierdistas es no represión hacia las manifestaciones contra el gobierno en sus respectivos países, Quienes con más energía y vehemencia condenan el uso de la fuerza pública contra manifestantes, aún cuando sus actos vandálicos e intransigentes lo justifican, son esos mismos que hacen alarde de los avances de Rusia y se muestran gustosos con un presidente decidido e implacable cuando ellos mismos serían encarcelados por marchar y gritar consignas anti gubernamentales.

IV.- EL Estado y la Iglesia

Quizá la mayor reclama de la izquierda actualmente sea la defensa del Estado laico, mantener a las instancias religiosas fuera de la administración pública so necesidad de evitar la tergiversación de los leyes pues, bajo los regímenes teocráticos, el dogma religioso delinea las políticas nacionales. Como resultado del Estado laico se obtuvo la libertad de pensamiento y de asociación, va de la mano con las libertades de prensa y de expresión, quita de las constituciones la moral de Estado.

En Rusia tras el colapso de la URSS se da un nuevo acercamiento entre el poder civil y la autoridad eclesial, ésta última dicta las normas morales bajo las cuales los ciudadanos deben regirse con garantía, aval y protección del Estado. El Kremlin promueve cambios constitucionales o reglamentarios que doten las leyes de un carácter sacralizado: a favor de la familia tradicional y contrarias a las libertades individuales.

¿Qué postura tomarían los izquierdistas fans de Putin si en sus respectivos países el presidente promoviera elevar la moral clerical a legislación federal?

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